475 años de milagros; Huandacareo se desborda en fe por el Señor del Amparo

En un acto de fe que detuvo el tiempo, miles de fieles se congregaron para conmemorar casi cinco siglos de historia y protección. Este 2026 marca el 475 aniversario (1551-2026) de la llegada de la bendita imagen del Señor del Amparo a estas tierras, una efeméride que fue celebrada con una solemne procesión que recorrió desde la entrada del pueblo hasta su morada definitiva: la parroquia de San Jerónimo.

El Pbro. Luis Daniel Rubio Morales, párroco y custodio del santuario, encabezó los festejos recordando el instante fundacional de la evangelización en la región. El Cristo, una talla de tamaño natural (1.69 metros y 57 kilos de peso), fue el estandarte con el que Fray Francisco de Villafuerte transformó para siempre el destino espiritual de Huandacareo.

El milagro del ahuehuete y el sismo

Durante la homilía, el Pbro. Rubio Morales relató la leyenda que envuelve el origen de la devoción. En 1551, en un campo baldío que hoy conforma el atrio, el misionero agustino plantó el crucifijo frente a los indígenas que realizaban ceremonias a sus ídolos. La crónica cuenta que, ante la protesta de un sacerdote local que intentó apedrear la imagen sin éxito, la tierra se sacudió violentamente.

“Se cuenta que un sismo hizo caer al suelo a los ídolos, mientras Nuestro Señor permaneció erguido. El árbol de ahuehuete, bajo cuya sombra se encontraban, se inclinó hasta besar con sus ramas la imagen”

Este suceso fue interpretado como un signo divino de gracia, dando paso a la construcción de la primera iglesia y al título de “Señor del Amparo”, bajo el cual el pueblo ha buscado refugio frente a pestes, sequías y tribulaciones durante casi quinientos años.

Una devoción que trasciende los siglos

El primer viernes de Cuaresma sigue siendo la fecha donde el corazón de Huandacareo late al ritmo de la chirimía y la campana, tal como Fray Villafuerte llamaba a los indígenas en el siglo XVI. La imagen, que ha sobrevivido a incendios y transformaciones arquitectónicas, sigue siendo el núcleo de la identidad.

“Seguiremos transmitiendo su amor, su bendición y su amparo de corazón”, sentenció el Pbro. Rubio, reafirmando que, a 475 años de su llegada, el Señor del Amparo no solo es una pieza de arte sacro de valor incalculable, sino el pilar de esperanza de una comunidad que reconoce a lo largo de su historia su manto protector.