Así es El Tocuz, el santuario ecológico enclavado en Acuitzio que ganó el Premio al Mérito Ambiental 2026

En un contexto donde la crisis climática y la expansión de monocultivos comerciales amenazan los ecosistemas locales, el Área Voluntaria para la Conservación “El Tocuz se erige como un modelo de resistencia, sustentabilidad y autogestión.

Ubicado en la comunidad de Tamanguío, este proyecto de 34 hectáreas fue galardonado el pasado 8 de junio con el Premio al Mérito Ambiental 2026, otorgado por el Gobierno del Estado de Michoacán a través de la Secretaría del Medio Ambiente, reconociendo más de una década de restauración ecológica integral.

El Tocuz —cuya raíz purépecha hace referencia a los encinos prietos que coronan el paisaje— es una propiedad privada dedicada formalmente a la conservación desde su decreto en 2018. Sin embargo, la historia comenzó en mayo de 2010, cuando la bióloga Marlene Gómez Peralta y su esposo, el biólogo Ricardo Zirahuén Ortega Varela, adquirieron un terreno severamente degradado por el sobrepastoreo y el uso desmedido de agroquímicos.

Cosecha de agua frente a la fiebre del oro verde

A una altitud que oscila entre los 2 mil 300 metros sobre el nivel del mar, El Tocuz se sitúa en una zona estratégica de recarga hídrica para la cuenca del Lago de Cuitzeo. A pesar de su importancia geográfica, la escasez de agua y la presión de los productores de aguacate y maguey mezcalero de la región plantearon el primer gran reto para el proyecto: cosechar agua.

Para contrarrestar la sequía, los fundadores han implementado tres sistemas de cosecha de agua de lluvia. La infraestructura no solo frenó la erosión de las laderas, sino que transformó el entorno en un refugio de fauna silvestre.

Y es que ante la falta de cuerpos de agua naturales en la zona, especies como zorros, coyotes, ardillas y, de manera emblemática, el lince o gato montés, comenzaron a bajar a las ollas de agua para beber de forma segura, manteniéndose a salvo de las escopetas de los ranchos vecinos.

De la teoría a la tierra: la experiencia del recorrido

Adentrarse en El Tocuz es asistir a una cátedra viva de ecología donde el conocimiento y el respeto por la Madre Tierra se palpan en cada paso. Durante los recorridos técnicos, guiados por el equipo del lugar, los visitantes pueden atestiguar cómo la innovación sustentable dialoga con los saberes ancestrales para devolverle la fertilidad a suelos que alguna vez se dieron por perdidos.

Uno de los pilares más fascinantes del circuito es el uso de los denominados “cerdos tractores”, una técnica agroecológica donde los porcinos son integrados estratégicamente al ciclo agrícola. Al remover la tierra de forma natural con sus hocicos y pezuñas buscando alimento, los animales airean el suelo, controlan malezas y aportan nutrientes orgánicos, sustituyendo por completo la maquinaria pesada y los agroquímicos.

El circuito continúa hacia el invernadero y el área de frutales, un sistema de producción intensivo y limpio de donde emana prácticamente todo lo que se consume en los alimentos del lugar y lo que se comercializa en su tienda oficial. Esta soberanía alimentaria se complementa con el rescate de la milpa tradicional —el policultivo de maíz, frijol y calabaza— y una robusta zona de lombricomposta, encargada de transformar los desechos orgánicos en humus de la más alta calidad para nutrir los cultivos.

“La mayoría de la gente mira la conservación como algo muy romántico, pero no es cierto; es corazón, pero con más cerebro e ingresos. La conservación no es gratis, cuesta mucho dinero”.

Mantener el perímetro libre de incendios forestales, combatir plagas mediante el uso de entomopatógenos y micorrizas orgánicas, y realizar el mantenimiento de las ollas de agua requiere una inversión constante. Tan solo las reparaciones hidráulicas recientes y la instalación de un pararrayos en el bosque sumaron costos que superan los 160 mil pesos, financiados por las pensiones de los propietarios.

Al no existir subsidios gubernamentales fijos y enfrentarse a la burocaracia institucional, El Tocuz apostó por la autogestión económica a través del aprovechamiento integral de sus recursos.

La economía circular es clave en su operación: transforman la cereza de café en té y mermelada para evitar el desperdicio, cosechan quelites y tomatillos orgánicos, y producen un mezcal exclusivo a partir de maguey silvestre. Este último cuenta con el prestigiado sello Bat Friendly, un reconocimiento otorgado por la UNAM que certifica que el manejo del maguey respeta la floración para alimentar a las poblaciones de murciélagos polinizadores.

La operatividad del lugar recae en un equipo multidisciplinario donde Zirahuén Ortega y Marlene coordinan el mantenimiento técnico y las construcciones sostenibles, mientras que la bióloga Dulce Ríos se encarga de la guiatura de los recorridos, el invernadero, la cocina y el procesamiento de los productos que se ofertan en su recién inaugurada troje.

Asimismo, el proyecto ha destacado por su vinculación social al albergar a cuatro generaciones del programa Jóvenes Construyendo el Futuro. El éxito de esta integración laboral y educativa llevó a la Secretaría de Bienestar a documentar las prácticas de El Tocuz en un video nacional, proyectándolo como un caso de éxito donde las nuevas generaciones aprenden a conservar generando arraigo comunitario.

Respaldados también por la Comisión Nacional para el Conocimiento y Uso de la Biodiversidad (CONABIO) por su manejo de agroecosistemas tradicionales, los fundadores de El Tocuz insisten en la necesidad de visibilizar estos esfuerzos ciudadanos.

La preservación a largo plazo de los pulmones de Michoacán no depende de la contemplación pasiva, sino de la creación de alianzas, el consumo local y la certeza de que la naturaleza necesita tanto cuidado biológico como viabilidad financiera.

El sitio se ubica a 30 minutos de la ciudad de Morelia y pueden programarse visitas en el Tel. 443 103 6648