Hoy, 27 de septiembre, se conmemora el Día Internacional del Turismo, una buena ocasión para volver la mirada hacia nuestra hermosa región de la Ribera del Lago de Cuitzeo, donde el turismo tiene una historia muchísimo más antigua de lo que imaginamos.
Desde tiempos prehispánicos, los habitantes de esta región conocieron y aprovecharon sus aguas termales, a las que se atribuyeron propiedades curativas y que también estuvieron relacionadas con prácticas rituales: Araró, Zinapécuaro, San Agustín del Pulque, San Agustín del Maíz y otros pueblos de esta zona conservan hasta nuestros días esa milenaria tradición.


En Araró, por ejemplo, los manantiales no solamente proporcionaban aguas calientes, desde la época prehispánica sus hervideros fueron aprovechados para obtener sal. Siglos después, durante el periodo virreinal, sus baños ya eran muy conocidos y frecuentados. En 1729, fray Matías de Escobar dejó escrito que los baños de Araró tenían tantos visitantes que apenas se desocupaban.
Siglos después llegarían el ferrocarril, las carreteras, los automóviles, las albercas y los balnearios familiares donde pasamos los domingos.

Hoy seguimos llegando a estas aguas por razones muy parecidas a las de quienes nos precedieron: para descansar, aliviar el cuerpo, convivir y escapar por unas horas de la rutina.
Así que, en este Día Internacional del Turismo, vale la pena recordar que en la Ribera del Lago de Cuitzeo el turismo no comenzó con los balnearios. Comenzó mucho antes, cuando nuestros antiguos pobladores descubrieron el valor de aquellas aguas que brotaban calientes de la tierra.
Y todavía hoy, siglos después, el agua sigue siendo una de las mejores maneras de contar la historia de nuestra región.











