Para Julio Alejandro Castillejos Valerio, la vida se parece mucho a una carrera por el desierto: hay que saber cuándo acelerar, cuándo contenerse y, sobre todo, aprender a tomar decisiones. A sus 17 años, este joven piloto ha encontrado en el motociclismo off road una pasión que comenzó en la infancia y que hoy lo lleva a competir en escenarios internacionales representando orgullosamente a México.
Originario de San Diego, California, pero criado en Tijuana, Baja California, Julio tiene doble nacionalidad. Sin embargo, cuando se trata de competir, su identidad está perfectamente definida.
“México es mi casa, es mi hogar”, expresa convencido, al explicar que llevar la bandera mexicana en las competencias internacionales representa mucho más que una elección deportiva.


Su historia sobre dos ruedas comenzó a los siete años, cuando su padre, Gustavo Castillejos, le transmitió la afición por las motocicletas. Aquellos primeros recorridos se convirtieron, con el paso del tiempo, en una disciplina que exige preparación física, concentración y una enorme capacidad para enfrentar riesgos.
“Sin él no soy nada, es mi señorón; me apoya en todo. La verdad corro para él, corro con él”, comparte Julio, al reconocer que su padre ha sido el principal impulsor de su trayectoria.
De las primeras carreras infantiles al desierto de Baja California
Aunque comenzó a conducir motocicletas a los siete años, prácticamente desde niño -lo que sin duda infartaría y mucho menos aprobarían muchas mamás-, fue alrededor de los once o doce cuando participó en sus primeras competencias, dentro de las categorías infantiles de 85 centímetros cúbicos.
Hoy compite en la categoría 450 Experto, dentro de una modalidad de motociclismo fuera de camino que se desarrolla principalmente en terrenos desérticos, con recorridos que pueden superar las 60 o 70 millas (aproximadamente 100 kilómetros).
A diferencia del motocross tradicional, donde los pilotos recorren repetidamente un circuito cerrado, Julio encuentra en las carreras del desierto una experiencia de libertad, resistencia y contacto permanente con terrenos impredecibles.
Su trayectoria lo ha acercado a las competencias de SCORE International, organización reconocida por sus carreras de resistencia en Baja California, donde participan pilotos de distintas partes del mundo.
El siguiente objetivo es avanzar hacia la categoría profesional limitada y, posteriormente, buscar mayores oportunidades en el ámbito internacional.
La velocidad también exige aprender a detenerse
El entusiasmo por las motocicletas no ha estado exento de dificultades. Julio relata que durante su trayectoria ha sufrido fracturas en ambas clavículas y en dos costillas, lesiones que le han recordado los riesgos de un deporte donde una decisión equivocada puede cambiar el resultado de una competencia en cuestión de segundos; la exigencia no es únicamente física, sino mental.
La concentración es básica al recorrer caminos de piedras, pendientes y obstáculos naturales a gran velocidad.
Considera que la experiencia le ha enseñado a reconocer sus propios límites y a entender que no siempre gana quien acelera más.
Esa lección, asegura, también puede aplicarse a la vida cotidiana: actuar con desesperación o tomar una decisión precipitada puede terminar por hacer perder mucho más tiempo del que se pretendía ganar.
Correr por pasión, no solamente por dinero
A pesar de su juventud, Julio ha recibido oportunidades de apoyo por parte de marcas vinculadas al motociclismo.
Recuerda que KTM lo respaldó con la preparación de una motocicleta de competencia, además de recibir una invitación de Honda, propuesta que declinó, para sorpresa de su propio padre, que de inicio no dio crédito al “desaire”.
Y es que Julio asegura que busca construir su trayectoria con mayor independencia, él es su propia marca y ha encontrado apoyo con equipos locales como JLV Racing.
En sí, para Julio, el motociclismo es una actividad que trasciende los contratos y los premios económicos.
“Yo corro porque me gusta correr”, afirma, al explicar que su aspiración es desarrollarse profesionalmente sin perder la libertad de disfrutar el deporte que eligió desde niño.
Su preparación también ha requerido sacrificios personales, entre ellos adaptar sus estudios de preparatoria a las exigencias de los entrenamientos, viajes y competencias.
De Tijuana a Michoacán
Julio realizó un viaje especial a Michoacán, acompañado por su padre, Gustavo Castillejos, para visitar a su tía Mabe, Marbella Castillejos Zavaleta.


Padre e hijo recorrieron más de dos mil kilómetros desde Tijuana para pasar unos días con su tía y conocer de cerca las tradiciones de Noche de Muertos, una de las expresiones culturales más representativas del estado.
Durante su estancia visitó Morelia, recorrió Quiroga, donde disfrutó las tradicionales carnitas de Carmelo, y conoció Pátzcuaro, destino que durante estas fechas recibe a visitantes nacionales y extranjeros interesados en las celebraciones de las comunidades de la región lacustre.

Para un joven acostumbrado a los paisajes desérticos de Baja California, el viaje representó una oportunidad de acercarse a otras expresiones de la cultura mexicana que tanto orgullo le produce representar en las competencias.



Su visita también le permitió conocer a motociclistas de Michoacán, donde identificó una afición importante por disciplinas como el motocross y el enduro.
Más allá de los resultados deportivos, Julio reconoce que comienza a convertirse en un referente para otros jóvenes que se acercan a preguntarle sobre su experiencia y preparación.
Aunque todavía le sorprende recibir ese reconocimiento, considera que lo más importante es encontrar una actividad que realmente despierte entusiasmo y comprometerse con ella.
Esa es también la recomendación que comparte con su hermano menor, quien continúa explorando distintas disciplinas deportivas.
“Si tienes algo que te gusta, hazlo y triunfa”, expresa con la convicción de quien ha dedicado buena parte de su vida a perseguir una pasión.
Julio Alejandro Castillejos Valerio sabe que todavía tiene muchos kilómetros por recorrer. Su aspiración es competir en categorías cada vez más exigentes y conquistar un campeonato mundial, pero también mantener el vínculo con su familia y con el país que considera su hogar.












