Fermín Ziranda y su prodigiosa carne al pastor

Con su adoptado lema “Veni, vidi, vici” -vine, ví y conquisté” Fermín Ziranda ha cautivado paladares con sus tacos, quesadillas, volcanes, gringas y alambres de carne al pastor, que ofrece al público en su taquería “Ahuani”, ubicada en la calle José Nicolás de Michelena #194, colonia Mariano Michelena, en Morelia, como antes lo hizo en Santa María de Guido y Villas del Pedregal, en Moroleón como asalariado y otra taquería moreliana en sus inicios.   

“No me gusta que me sirvan chin… entonces, ¿quién soy para servirle eso a la gente?”, ha sido su filosofía en más de 32 años en el oficio, recuerda que empezó trabajando a mitad de los ochentas del siglo pasado en una taquería que inauguró en Morelia el entonces guardameta del Atlético Morelia, Olaf Heredia; aprendió el oficio a la luz de un pastorero que llegó de la ciudad de México contratado por el futbolista, más tarde se dio cuenta que no hay como trabajar por cuenta propia y puso su taquería, y le va “de maravilla”, aunque  considera ser “más viernes que sábado en esto”, las cosas se fueron dando paso a paso.

Para Fermín son factores relevantes en su actividad el condimento de cada persona, y la calidad que le ponga a su producto, “porque quieras o no siempre es un gasto, hay un costo”, y no todo mundo apuesta a eso, sino a puro ganar y ganar; además, el torero, como le llaman sus clientes, por su afición a la tauromaquia, considera que “hay que entregar algo a cambio”, y lo más importante es que la gente se valla contenta, “eso a mí me llena”, por lo mismo trata de hacer las cosas lo mejor posible.

El torero, cuya afición parece haber sido marcada por su nombre de pila, siempre anda carrereado, por una u otra cosa, pero una vez que sale a buscar la venta diaria -invariablemente antes de que se oculte el sol y hasta las 10 u 11 de la noche- lo hace con gusto, “porque para vinagres, mejor me quedo en mi casa y me encierro”, asegura el jocoso y dicharachero matador.

Sostiene además que, en la elaboración de la carne al pastor, los tacos, o algunos de los productos que ofrece en venta, no hay ninguna fórmula secreta, pues es la misma que muchos conocen, y Fermín ha dado la receta a muchas personas, aunque algunos le han dado a probar y no les sale igual, “no es mi culpa”, ataja el torero, “la gente pierde si no le pone arte ni talento”.

Ziranda va por la vida sin egoísmos, por eso es compartido, “qué me cuesta, cosita de nada”, si hay gente que valora sus formulas y recetas en miles o millones, allá ellos, dice “yo comparto lo que sé, porque de egoísmos no conozco, trato de compartir y departir con todo mundo, enseñar al que quiera aprender, si a ellos les nace no hacerlo más adelante, es su problema”.

Es más, si un discípulo le dice que va a poner su negocio a un lado del suyo, él sin problema aprueba la intención, “si te faltan clientes, te los presto”, dice convencido de que su feligresía lo sigue, “más que a Dios”, asegura entre risas.

Luego de 2 meses sin abrir, tiene casi el mismo tiempo trabajando ininterrumpidamente, sus clientes lo aclaman, y el torero se deja querer, el asunto es que siempre vuelven, “tal vez por el sabor, pero regresan”, señala complacido.

Su clientela ha trascendido generaciones, hay matrimonios que Ziranda conoció y se hicieron sus clientes durante el noviazgo, “se casaron y vinieron los críos, y estos también son asiduos comensales de “Ahuani”. Lo que más atrae a sus clientes es el sabor; los precios son los que en promedio manejan otros pastoreros, si aparte la gente lo busca, para Fermín dice que aparte de ser su negocio, “es un placer que venga la gente y ver niños” degustando lo que él prepara.       

Desde la fileteada, el proceso de marinar, montar la carne y darle forma al trompo, y que esté lista para empezar a preparar pedidos, pasan entre 60 y 75 minutos, todo depende cómo prefieran su carne; cocida y jugosa, o bien dorada. “Como dijo Simón: al gusto de cada ca… nijo”, dijo al final.