Mientras otras regiones productoras del país han acelerado y tecnificado el secado del chile para reducir costos, en Queréndaro una tradición se mantiene viva: la chilaca criolla continúa extendiéndose sobre petates y secándose directamente bajo el sol durante 15 a 20 días, un proceso artesanal que los productores consideran determinante para conservar su sabor, carnosidad y calidad.
Tras la reciente celebración de la Feria del Chile de Queréndaro 2026, los productores continúan con la cosecha y secado de uno de los cultivos que históricamente han dado identidad al municipio.



Entre ellos se encuentra Eduardo Romero, productor de 34 años e integrante de una familia que por generaciones ha trabajado el campo. Su abuelo y su padre cultivaron chile y ahora él continúa la actividad, aunque con una diferencia: estudió agronomía para incorporar nuevos conocimientos al cultivo sin abandonar los procesos tradicionales que distinguen al producto querendarense.
“Viene desde mi abuelo, mi padre y ahora nosotros, nada más que viene un cambio generacional y una resistencia de lo tradicional a lo actual; tenemos que montarnos al tren de la tecnología para salir adelante”
Actualmente trabaja una superficie de aproximadamente dos hectáreas de chilaca criolla, variedad que identifica como propia de la región. Aunque conserva la selección y el secado tradicional, considera necesario modernizar el manejo del cultivo mediante nutrición, control fitosanitario y mejores prácticas agrícolas.
El objetivo, señaló, es obtener un chile con mayor cantidad de pulpa, jugo y sabor. En Queréndaro, recordó, los productores de generaciones anteriores utilizaban incluso el término “desclavado” para referirse al chile que tarda más tiempo en secarse precisamente por su mayor carnosidad.
Secar al sol o competir en precio
Ese método tradicional representa al mismo tiempo una fortaleza y un desafío comercial.
Romero explicó que al mercado michoacano llegan chiles procedentes de Zacatecas, Chihuahua y San Luis Potosí a precios inferiores, lo que dificulta competir únicamente por costo.
Queréndaro podría abaratar su producción utilizando secadoras para acelerar el proceso, reconoció, pero hacerlo implicaría modificar una práctica que distingue al producto local.
“Sí podemos competir con estos otros estados, pero tendríamos que dejar de secar al sol, que es lo que le da la peculiaridad a este producto”, señaló.
Para el productor, abandonar los petates y recurrir al secado industrial permitiría reducir costos, pero también significaría perder parte de “esa esencia que tenemos aquí en Queréndaro”.
Del chile fresco a productos con valor agregado
El siguiente reto es precisamente evitar que la competencia se limite al precio. Romero trabaja en el proyecto “Chiles Selectos de Queréndaro“, una marca con la que pretende avanzar hacia la transformación y comercialización de productos con mayor valor agregado.
Entre las posibilidades contempla envasar capones, elaborar mole y escabeche, además de comercializar el chile seco en presentaciones que permitan posicionarlo fuera del mercado local.
“La idea es llegar a industrializar más este producto y generar fuentes de empleo aquí en la zona”, explicó.
Por ahora, su mercado sigue siendo principalmente local, aunque la Feria del Chile permitió atraer compradores de otras regiones e incluso visitantes provenientes de Estados Unidos. La comercialización comienza con chile verde, continúa con el fruto maduro y finalmente con el chile seco.
Para Eduardo Romero, el futuro del campo querendarense pasa por encontrar un equilibrio: tecnificar la producción sin borrar aquello que hace diferente al chile del municipio.

Así, después de la feria, la imagen vuelve a repetirse en Queréndaro: petates cubiertos de chilaca bajo el sol. Una práctica de generaciones que, además de secar el fruto, concentra uno de los sabores que han dado identidad a este pueblo chilero de Michoacán.














