El Señor de Araró regresa a su santuario en una multitudinaria manifestación de fe

El nuevo párroco, Miguel Vilchis, expresa su asombro ante la devoción de más de 80 mil fieles, tanto de México como de quienes vienen desde los Estados Unidos

La multitudinaria devoción y una tradición que desafía el paso de los siglos convergieron en el Santuario de San Buenaventura para recibir de vuelta a la venerada imagen del Señor de Araró. Tras concluir su histórica visita cuaresmal a la Parroquia de San Pedro y San Pablo en Zinapécuaro, el Cristo Peregrino retornó a su hogar en un acto multitudinario que desbordó las expectativas locales y conmovió profundamente a la comunidad eclesiástica, en particular a su nuevo guía espiritual.

Desde su arribo vía San Nicolás Simirao, hasta su entrada a Araró y recorrido por sus calles, una multitud rezó y agradeció al Señor de Araró por los favores recibidos, en una fiesta religiosa de las más grandes de Michoacán y que atrae fieles de los estados vecinos y a los migrantes desde Estados Unidos.

El padre Miguel Vilchis Carrillo, quien asumió la parroquia de San Buenaventura apenas el pasado 9 de abril, vivió por primera vez esta impresionante manifestación de religiosidad popular. Originario de Puruagua, Guanajuato -localidad perteneciente a la Arquidiócesis de Morelia-, el sacerdote admitió con total honestidad su asombro ante la magnitud de la devoción, amor y agradecimiento al Señor del Amparo.

“Esta es la primera vez que me toca recibir al Señor de Araró y es sorprendente. Yo no conocía Araró, estaba asignado en la parroquia de Cristo Rey, en Pátzcuaro, por lo que este escenario ha sido una verdadera manifestación de fe”, compartió el párroco con notale emoción.

Los cálculos preliminares de la jornada de recepción sugieren una asistencia histórica. Aunque el sacerdote se declaró reservado al estimar grandes concentraciones, calculó la presencia de unas 80 mil personas que durante tres días abarrotaron las calles y los accesos al santuario, transformando la localidad en un epicentro de fervor colectivo. La festividad atrajo no solo a los habitantes de la región, sino a una vasta red de migrantes y peregrinos procedentes de diversos puntos de México y el extranjero.

“Viene mucha gente de Estados Unidos, que generalmente son familiares de quienes viven aquí. También registramos peregrinos de Puebla, Toluca, Yucatán, Irapuato, Nezahualcóyotl y diversas zonas de la Ciudad de México”, detalló el religioso.

El impacto emotivo de la bienvenida también quedó grabado en el ánimo del párroco, quien destacó el empeño de los habitantes de Araró y Simirao en la organización, la elaboración de complejas ofrendas y, de manera muy particular, la profusa cantidad de pólvora y cohetes que iluminaron y sonorizaron el trayecto de la sagrada imagen.

Para el padre Vilchis esta experiencia representa un hito en su ministerio. Tras un mes de haber sido encomendado a este santuario por el Arzobispado, describió su sentir como uno de profunda dicha.

“Me he sentido feliz, dichoso y afortunado. Pienso que, por la forma en que la gente vive su fe aquí, ellos me van a hacer crecer a mí también. A veces uno como sacerdote piensa que viene a enseñar, y sí, ese es un aspecto de nuestra vida sacerdotal, pero la gente también nos enseña mucho desde su fe sencilla y su amor tan profundo al Señor de Araró”, reflexionó, al tiempo que agradeció la acogida alegre, sincera y respetuosa que la feligresía le ha brindado desde su llegada.

La tradición del traslado del Cristo entre Araró y Zinapécuaro posee un profundo trasfondo teológico y temporal. Según explicaron los propios fieles al párroco, este intercambio no es reciente, sino que data de varios siglos atrás. La imagen sale de su santuario poco antes de la Pascua, permanece la Semana Santa en Zinapécuaro, inicia su retorno el Jueves de la Ascensión y culmina formalmente su entrada al santuario el Domingo de la Ascensión.

Para el padre Vilchis, este recorrido emula la esencia misma del ministerio de Jesucristo: “Jesús fue peregrino, fue itinerante, y es hermoso que esta imagen peregrina recorra estas comunidades. En esencia, es lo que Jesús hizo en sus días terrenales”.

A pesar de la intensidad de las celebraciones litúrgicas en honor al Cristo, la actividad parroquial no se detiene. El párroco informó que las festividades ligadas al ciclo agrícola continúan de inmediato con la celebración de San Isidro Labrador. En una estrecha vinculación con los ejidatarios y campesinos locales, se programó una procesión de tractores en el atrio parroquial para su posterior bendición, seguida de una caminata hacia el plan agrícola, donde se celebrará la Eucaristía y se compartirá un almuerzo comunitario.