En la víspera del Día Mundial del Medio Ambiente, desde la Tribuna Ciudadana del Congreso del Estado se emitió un enérgico reclamo social, en voz de representantes de asociaciones civiles y colectivos ecológicos quienes alzaron la voz para exigir una verdadera justicia ambiental y rendir homenaje a los ambientalistas caídos, denunciando de manera directa la impunidad que prevalece en los casos más recientes.
Ahí, cobijados por el diputado Baltazar Gaona García, presidente de la Mesa Directiva del Congreso y la diputada Sandra Arreola, presidenta de la Comisión de Ecología y Medio Ambiente de la 76 Legislatura, los activistas presentaron la “Declaratoria Reflexión y Compromiso Ciudadano ante la pérdida de quienes cuidaron nuestro patrimonio natural”.
El activista e investigador, Julio Santoyo Guerrero reprochó severamente la falta de resultados por parte de las autoridades a casi dos meses de los asesinatos de Roberto Chávez Bedolla —defensor de los bosques y el agua en el municipio de Madero— y Lázaro Mendoza Ramírez —protector del Lago de Zirahuén en Salvador Escalante—, ambos ejecutados con días de diferencia en abril de 2026.
“A días de la conmemoración del Día Mundial del Medio Ambiente no hay detenidos, cuando se sabe quiénes lo hicieron y se tiene identificado al jefe de plaza que ordenó el asesinato de Roberto Chávez”, fustigó
Vicente Estrada, presidente del Consejo Estatal de Ecología (COECO) y encargado de dar lectura al manifiesto, advirtió que la defensa de la tierra se ha vuelto una actividad de alto riesgo en la entidad.
Reveló que en los últimos diez años suman casi 70 defensores ambientales asesinados o desaparecidos en Michoacán. “No eran políticos ni activistas profesionales; eran vecinos, padres de familia, personas de campo que un día vieron cómo el bosque empezaba a desaparecer y decidieron alzar la voz”, sentenció.
El “verdadero oro verde” no se mide en dólares
La declaratoria enfatizó que la auténtica riqueza de Michoacán no radica en las toneladas de fruta exportada ni en las divisas que ingresan, sino en sus bosques de pino y oyamel, sus manantiales y santuarios. “Ese es el verdadero oro verde, un patrimonio que no se vende, que no se quema, que no se tala”, apuntó Estrada, aclarando que el movimiento no busca confrontar las actividades productivas legítimas, sino poner un límite para que ninguna ganancia económica esté por encima de la salud de los ecosistemas.
Ante este panorama, las organizaciones civiles firmantes fijaron tres compromisos urgentes:
- Difundir el legado: Recordar y visibilizar de forma pacífica las historias de vida de Roberto Chávez, Lázaro Mendoza y todos los activistas caídos.
- Conciencia ciudadana: Promover la reflexión colectiva sobre el cuidado del agua y los bosques como herencia indispensable para las próximas generaciones.
- Identidad colectiva: Crear y difundir una “bandera homenaje a los defensores ambientales” como un símbolo de unidad y resistencia ecológica en espacios físicos y digitales.
Marcial Reyes, investigador del Tecnológico Nacional de México (campus Pátzcuaro) y defensor ambiental, alertó sobre la fragilidad del entorno michoacano, agravada por las inusuales altas temperaturas registradas en Morelia y el resto del estado.
El académico detalló que Michoacán ya perdió dos terceras partes de sus bosques y selvas, que funcionan como la principal “fábrica de agua” de la región. Asimismo, advirtió sobre el impacto del uso desmedido de agroquímicos como el glifosato y la urgencia de regular la actividad agrícola que está absorbiendo volúmenes de agua que comprometen el abastecimiento público del futuro.
El encuentro concluyó con una dura reflexión de los colectivos, quienes señalaron que de cara a las celebraciones globales de este 5 de junio, “sin justicia social ni ambiental, no hay nada que festejar”.










