El Sistema Alimentario Mexicano: el sueño efímero de la soberanía alimentaria  

Durante los primeros dos años de la década de los ochenta, durante la administración de José López Portillo (1976- 1982), se implementó un ambicioso programa agroalimentario denominado Sistema Alimentario Mexicano, SAM por sus siglas, un programa que pretendía lograr una autosuficiencia en materia alimentaria.

El SAM tiene sus orígenes en una grave crisis de producción de alimentos que se suscitó al final de la década de los setentas en parte por el incremento de la extensión de tierras agrícolas para la producción de forrajes y pastoreo de ganado, lo que disminuyó la producción de alimentos básicos. Para operar el SAM el gobierno de México se comprometió a suministrar los recursos financieros y materiales necesarios para incrementar la producción nacional de alimentos básicos, por otro lado, también estableció el compromiso de lograr una mejor distribución de alimentos de manera que éstos pudieran llegar a la población más necesitada y garantizar el acceso a una dieta adecuada (Spalding, 1985), por supuesto, la implementación del Sistema Alimentario Mexicano implicaba que el gobierno de México rechazara el libre comercio y fortaleciera la producción y el mercado interno.

Para lograr la anhelada autosuficiencia alimentaria, el Sistema Alimentario Mexicano incluyó algunos incentivos para las y los campesinos. De acuerdo a Mackinlay (Mackinlay, 1991), este programa incluía cuatro objetivos- incentivos. El primero de ellos era elevar los precios de garantía a los productos básicos, es decir, el gobierno le compraba a los campesinos su producción con un precio de garantía que les protegía de las fluctuaciones del mercado, el segundo, incrementar los montos de créditos con Banrural con bajas tasas de interés así como el aumento de subsidios al consumo y a la producción de granos básicos principalmente en las zonas de siembra de temporal productoras de maíz y frijol, el tercero pretendía fortalecer la alianza entre el gobierno y los campesinos mediante seguros contra las sequías y fenómenos imprevistos como lluvias torrenciales, granizadas o plagas, finalmente, se pretendía incorporar la mayor cantidad de tierras “ociosas” a la producción agrícola de granos básicos.

Algo innovador del Sistema Alimentario Mexicano fue el énfasis en aumentar la producción incrementando el rendimiento de los pequeños productores de temporal. Todo esto tenía como finalidad no solo incrementar la producción de alimentos y disminuir la dependencia de las importaciones sino ofrecer a los consumidores, tanto urbanos como rurales, el acceso a alimentos sanos y a buen precio por los subsidios y los precios de garantía. A pesar del esfuerzo, el programa duró apenas dos años

Al terminar la administración de López Portillo y comenzar la de Miguel de la Madrid Hurtado, el país fue virando a una política de libre comercio de manera que en 1986 México suscribió el Acuerdo General de Aranceles Aduaneros y Comercio que se considera como el antecedente directo del Tratado de Libre Comercio. Firmado por México en la presidencia de Salinas de Gortari, el TLC le exigió al país la eliminación de los precios de garantía y de los subsidios a la producción maicera.

A partir de ese momento, la soberanía alimentaria fue debilitándose cada vez más de modo que al día de hoy, el 50% del abasto de maíz en México depende en su mayoría de las importaciones de maíz estadounidense. El sueño por alcanzar la soberanía alimentaria fue un sueño que duró solo dos años.

Referencias.

Mackinlay, H. (1991). La política de reparto agrario en México (1917- 1990) y las reformas al artículo 27 constitucional. En Procesos rurales y urbanos en el México actual (pp. 117-167). Universidad Autónoma Metropolitana.

Spalding, R. (1985). El Sistema Alimentario Mexicano: Ascenso y decadencia. Estudios Sociológicos del Colegio de México, 8(3), 315-349.

Jesus Janacua Benites
Jesús Janacua Benites, es licenciado en psicología y maestro en filosofía de la cultura por la Universidad Michoacana de San Nicolas de Hidalgo y doctor en desarrollo rural por la Universidad Autónoma Metropolitana es co- director del documental “Cosechando vida después de la fresa” producido por el Festival de Cine Independiente de Paracho, es co- autor con Napoleón Márquez Serano del libro “Extractivismo fresa: Crónica de un conflicto ambiental en la Cañada de los Once Pueblos” publicado por el Centro de Estudios para el Desarrollo Rural Sustentable y la Soberanía Alimentaria de la Cámara de Diputados y autor del libro “Resistencias comunitarias contra el despojo en Michoacán: berries, inmobiliarias y aguacate” publicado por la editorial Molino de Letras, además es autor de diversos artículos de divulgación científica y de opinión. Es ganador del premio Francisco J. Múgica otorgado por el Centro de Estudios para el Desarrollo Rural Sustentable y la Soberanía Alimentaria de la Cámara de Diputados. Ha participado en congresos, coloquios y eventos académicos nacionales e internacionales tanto dentro como fuera de México. Ha sido columnista colaborador en La Jornada del Campo y en La Hojarasca, ambos, suplementos culturales del diario La Jornada. Actualmente es docente promotor de la Dirección General de Educación Tecnológica Agropecuaria y Ciencias del Mar, adscrito a la Brigada de Educación para el Desarrollo Rural No. 104 en Charo, Michoacán y se enfoca al estudio de la conformación de los conflictos socioterritoriales y de distribución ecologica con énfasis en los actores sociales y su experiencia de agravio en torno a la agricultura industrial así como en los cambios y transformaciones de la agricultura maicera.