Este 6 de junio, Pátzcuaro conmemora 24 años de haber recibido el nombramiento de Pueblo Mágico, una distinción que lo convirtió en el primer municipio de Michoacán en incorporarse al programa impulsado por la Secretaría de Turismo federal para reconocer a las localidades con un patrimonio histórico, cultural y natural excepcional.
Desde el año 2002, la ciudad lacustre ha consolidado su posición como uno de los principales destinos turísticos y culturales de México, gracias a la conservación de su arquitectura colonial, la vigencia de las tradiciones purépechas y una riqueza artesanal y gastronómica que la distinguen a nivel nacional e internacional.


La declaratoria otorgada por la Secretaría de Turismo reconoció el valor histórico de una ciudad fundada hace más de cinco siglos bajo la visión humanista de Vasco de Quiroga, quien convirtió a Pátzcuaro en uno de los centros políticos, religiosos y culturales más importantes del antiguo Reino de Michoacán.
Ubicada a las orillas del lago que lleva su nombre, la ciudad alberga algunos de los sitios más emblemáticos del patrimonio michoacano, entre ellos la Plaza Vasco de Quiroga, considerada una de las más bellas del país; la Basílica de Nuestra Señora de la Salud, la Casa de los Once Patios, entre otros.
El legado histórico de Pátzcuaro cuenta además con reconocimiento nacional desde el 19 de diciembre de 1990, cuando su centro histórico fue declarado Zona de Monumentos Históricos. Esta protección abarca 42 manzanas y más de 300 inmuebles construidos entre los siglos XVI y XIX, considerados de gran valor arquitectónico y cultural.
A más de dos décadas de haber sido incorporado al programa de Pueblos Mágicos, la ciudad enfrenta ahora uno de los retos más importantes de su historia reciente: obtener el reconocimiento como Patrimonio Mundial de la UNESCO.
La candidatura presentada por el Gobierno de Michoacán propone a Pátzcuaro como un “Sitio de Memoria Histórica y Confluencia Cultural”, una categoría que busca destacar el encuentro entre la herencia indígena purépecha y el proyecto humanista impulsado por Vasco de Quiroga durante el siglo XVI.

El expediente entregado ante el organismo internacional resalta elementos únicos como la conservación de la lengua purépecha, la tradición musical de las pirekuas, la riqueza artesanal de la región, así como un modelo urbano y social que durante siglos ha mantenido una convivencia armónica entre culturas.
Asimismo, la propuesta destaca la singularidad de su arquitectura colonial, caracterizada por calles empedradas, fachadas blancas con techos de teja roja, amplias plazas y edificios históricos que han conservado su esencia original.

La postulación también reconoce la importancia cultural de las comunidades indígenas de la región lacustre, cuyas tradiciones permanecen vivas y encuentran una de sus expresiones más representativas en la celebración de la Noche de Muertos, vinculada al patrimonio cultural inmaterial reconocido por la UNESCO.










